Patético espectáculo el de los estudiantes marchando por las calles de la ciudad, no tan solo desinformados, desorientados o simplemente ignorantes acerca de sus aspiraciones, sino que además, haciendo gala de una vandalismo y una agresividad fuera de toda razón. Las capuchas no alcanzan a esconder tanta precariedad.
Estudiantes consultados acerca de sus reivindicaciones respondían con dificultad, falta de coherencia y escasos argumentos. No se hace diferencia entre la expresión oral y escribir en el chat. Igual cosa con los "líderes" del movimiento, no tan diferentes del resto pero mejor pronunciados. No alcanzaron a aprenderse el discurso de memoria.
Destrozos, robos y vandalismo colectivo son los argumentos para una pretendida aspiración de cambios. Son talibanes en uniforme. Nuevamente la disyuntiva entre lo legal y lo legítimo.
Es desesperanzador tanto cabello relamido, tanta histeria encauzada a turbios fines por los oportunistas de siempre. Aspiraciones de suyo legítimas desteñidas por saqueadores de sueños.
Hubo un momento en que los estudiantes tuvieron el apoyo y la simpatía ciudadana. Simpatía y apoyo que ha partido con el fuego y humo de sus molotov, o se ha despedazado en infinitas partes como tanto vidrio roto, o simplemente fue robada como tanta cosa durante la marcha de los talibanes con uniforme.

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